Pocos restaurantes tienen la fuerza de hacerme volver por su constante calidad, aquellos en los que siempre me va bien y por lo tanto son los primeros en la lista cuando tengo algún invitado. Uno de ellos es Armadillo, en la llamada Zona G (Calle 72 con 5a).
Lo descubrí porque a mi mismo me celebraron un cumpleaños allá y vaya si fue buena elección. La carta no es abrumadora y se consiguen platos para todos los gustos. Es por eso que allá llevé a mi madre de cumpleaños, porque no come sino pescado y no quería invitarla a las tradicionales pescaderias capitalinas. El sitio es bonito, confortable y tiene un gran ambiente. No se pierdan este lindo cuadro de.... como no, armadillos:
De entrada un excelente jamón serrano con mango en vinagreta cítrica. Delicioso en su sencillez y contraste y apenas para abrir el apetito.
Luego a lo que vinimos, la carne, que siempre está jugosa sabrosa y sobretodo bien hecha, el término medio es perfecto. Yo la pedí estilo Jalisco, chatas a la brasa con jalapeños y guarnición de puré de papa; qué más clásico que esto?
Mi mamá por supuesto se fue por un exquisito atún rosado a la brasa con salsa de mandarina, que estaba para chuparse los dedos. Lo interesante del sitio es que los platos son más bien generosos y por los precios realmente viene a ser toda una ganga.
De postre la elección fue Cheesecake de frutos rojos, tal vez de las fotos más apetitosas que le he tomado a algo dulce. De solo recordarlo me dan ganas de volver.
Esta vez no hubo cacería al espresso perfecto, asi que es otra excusa para volver. Buena atención, lugar, ambiente y precios, como dije: si tiene invitados es un buen lugar para ir a ojo cerrado.
Trabajando en el centro de Bogotá surge la pregunta como cinco veces a la semana; y tiene muchas deliciosas respuestas...
Mostrando entradas con la etiqueta postre. Mostrar todas las entradas
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sábado, 1 de septiembre de 2012
sábado, 14 de julio de 2012
La Ruta Comunera
Algunos pueblos de Santander como Socorro, Pinchote o Barichara tienen su lugar en la historia como antecedentes a la revolución contra los españoles que culminaría con la independencia de Colombia.
De especial importancia es el episiodio conocido como La Rebelión de los Comuneros en 1781 el cual se desarrolla en Socorro cuando la valiente Manuela Beltrán rompe los edictos sobre los nuevos impuestos y comienza una revolución que contagia los pueblos vecinos y sus gentes terminan desafiando a la nobleza de la época. Serían traicionados pero su lucha no fue vana pues alimentó la resistencia de nuevas generaciones que a la postre liderarían la enmancipación de España.
Con tan fuerte antecedente histórico se comprende que esta zona de Colombia tiene bastante historia encima y por lo tanto tradición. Adicionalmente su geografía es muy rica y se ha convertido en destino obligado para deportistas extremos que cuentan con muchas opciones como torrentismo, rafting, parapente y espeleología entre otros.
Los Comuneros viajaron de Santander a Bogotá a hacerse oír. Yo viajo de Bogotá a Santander a explorar y por lo tanto es lo que yo llamo la Ruta Comunera, que no es exactamente la que siguieron estos proto-patriotas, pero se le acerca y que incluye a paradas intermedias.
Y no hay exploración completa si no se prueba la cocina. Con sorpresa revisé mis archivos y después de Bogotá es en esta Ruta donde he descubierto verdaderos tesoros gastronómicos que acá comparto, asi que si van viajando a Bucaramanga o incluso hasta la costa, les recomiendo parar y dejarse llevar por ciertos deliciosos manjares.
La primera parada es cerca a Ubaté y en la ruta que de Bogotá va a Barbosa pasando por Chiquinquirá.
La segunda parada ya es en Socorro, para probar un exquisito restaurante de carnes.
A continuación pueden llegar a San Gil y desviarse bien sea a Barichara, destino obligado si se hace turismo, para que prueben esta interesante carne en salsa de hormigas.
O también pueden optar por ir al poco conocido Valle de San José a probar estos exquisitos chorizos en panela.
Entre San Gil y el Valle de San José está la hacienda el Calapo, cuyo café ya hemos probado y seguimos recomendando.
También pueden seguir hacia Bucaramanga y si entran al lindo Parque Nacional Chicamocha les recomiendo tomar el teleférico que comunica a la Mesa de los Santos y comer en Mercagan, un delicioso restaurante de carnes que reseñaré a su tiempo.
Como ven, en la Ruta hay bastantes lugares por conocer, lo agradecerán no solo la vista, también el paladar.
De especial importancia es el episiodio conocido como La Rebelión de los Comuneros en 1781 el cual se desarrolla en Socorro cuando la valiente Manuela Beltrán rompe los edictos sobre los nuevos impuestos y comienza una revolución que contagia los pueblos vecinos y sus gentes terminan desafiando a la nobleza de la época. Serían traicionados pero su lucha no fue vana pues alimentó la resistencia de nuevas generaciones que a la postre liderarían la enmancipación de España.
Con tan fuerte antecedente histórico se comprende que esta zona de Colombia tiene bastante historia encima y por lo tanto tradición. Adicionalmente su geografía es muy rica y se ha convertido en destino obligado para deportistas extremos que cuentan con muchas opciones como torrentismo, rafting, parapente y espeleología entre otros.
Los Comuneros viajaron de Santander a Bogotá a hacerse oír. Yo viajo de Bogotá a Santander a explorar y por lo tanto es lo que yo llamo la Ruta Comunera, que no es exactamente la que siguieron estos proto-patriotas, pero se le acerca y que incluye a paradas intermedias.
Y no hay exploración completa si no se prueba la cocina. Con sorpresa revisé mis archivos y después de Bogotá es en esta Ruta donde he descubierto verdaderos tesoros gastronómicos que acá comparto, asi que si van viajando a Bucaramanga o incluso hasta la costa, les recomiendo parar y dejarse llevar por ciertos deliciosos manjares.
La primera parada es cerca a Ubaté y en la ruta que de Bogotá va a Barbosa pasando por Chiquinquirá.
La segunda parada ya es en Socorro, para probar un exquisito restaurante de carnes.
A continuación pueden llegar a San Gil y desviarse bien sea a Barichara, destino obligado si se hace turismo, para que prueben esta interesante carne en salsa de hormigas.
O también pueden optar por ir al poco conocido Valle de San José a probar estos exquisitos chorizos en panela.
Entre San Gil y el Valle de San José está la hacienda el Calapo, cuyo café ya hemos probado y seguimos recomendando.
También pueden seguir hacia Bucaramanga y si entran al lindo Parque Nacional Chicamocha les recomiendo tomar el teleférico que comunica a la Mesa de los Santos y comer en Mercagan, un delicioso restaurante de carnes que reseñaré a su tiempo.
Como ven, en la Ruta hay bastantes lugares por conocer, lo agradecerán no solo la vista, también el paladar.
sábado, 30 de junio de 2012
Color de Hormiga
De cumpleaños quería ir a este restaurante que ya se estaba tornando en leyenda porque la gente de los alrededores hablan de él como quien relata un mito: "hay un casa en barichara donde sirven platos hechos con hormiga" oí la primera vez, en otra ocasión escuché que "pertenece a Belisario Betancur, que puso un hotel y tiene su restaurante" a la tercera me contaron de un lugar en Barichara que sirve cabrito en salsa de hormiga.
Todo mito está basado en alguna realidad así que armado de paciencia me dediqué a investigar de dónde provenían estos comentarios, de gente que nunca por supuesto había ido. No fue difícil hallarlo en internet y con la información conseguida me dirigí a Barichara, ese hermoso pueblo colonial que no tiene nada que envidiarle a Villa de Leyva. Una vez en el lugar me enteré de que se habían cambiado a una vereda en medio del campo...
Después de meditarlo unos 5 segundos decidí que ya entrado en gastos no perdía nada en tratar de encontrarlo, pues me dieron indicaciones y, afortunadamente, la tarjeta del propietario. Lo llamé y le pedí indicaciones aunque guardaba pocas esperanzas porque ya eran las 4 de la tarde. Después de una breve desorientación y un camino sin pavimentar llegué a este lindo restaurante, que está en medio del campo pero cuya vista permite apreciar parte de Barichara.
Tiene una linda arquitectura y me imagino que la idea de trasladarlo hasta acá pretende darle un toque casi mágico. Espero haya sido buena idea pues encontrarlo aún no es fácil.
Nos recibieron bastante bien y es agradable ver que se esmeran por el cliente. La carta del día no tenía casi opciones, asi que no puedo juzgar aún la variedad. De entrada y con hambre todo sabe bien; me pareció delicioso el pan con mantequilla y un antipasto a base de cebada, apenas para abrir el apetito.
En seguida llegó mi carne en la prometida salsa de hormigas. Debo decir que el aspecto puede resultar apetitoso para unos y para otros no, pues en la mente está presente (por lo menos en la mía) que un insecto en la comida es un accidente más que otra cosa. Sin embargo ya me había atrevido a comer estas hormiguitas en un viaje anterior y descubrí su rico sabor así que el impacto no fue tan grande. Digo esto porque he mostrado la foto y hay gente con reacción negativa.
Como fotógrafo reconozco que es difícil hacer ver apetitosa una carne con hormigas culonas encima... por alguna razón algo opone resistencia visualmente.
Pero, y es un gran pero, su sabor junto con la carne me resultó sumamente agradable, la salsa en gustosa, no tan espesa como la imaginaba y las hormigas van deliciosamente tostadas, dándole una textura interesante al bocado. La carne estaba en buen punto, se nota que saben prepararla. Como complemento sirven una sencilla ensalada y arroz que se moja en la salsa restante y así puede uno dejar el plato limpio si quiere.
Para este plato creo que vendría mejor un vino que una cerveza, pero en el momento no los ofrecían.
De postre había platanito con helado de uchuva, buen remate para una carne que sorprende y que recomiendo a los que les guste probar cosas nuevas. Y claro, espresso, que estaba rico y es el primero que me ofrecen en Santander.
Vale la pena el esfuerzo de buscar el restaurante? mi SI es rotundo, el lugar, la vista, el clima y la comida se conjugan bien y uno sale contento de allí.
Si están por la zona no olviden visitar otros restaurantes de la Ruta Comunera.
Todo mito está basado en alguna realidad así que armado de paciencia me dediqué a investigar de dónde provenían estos comentarios, de gente que nunca por supuesto había ido. No fue difícil hallarlo en internet y con la información conseguida me dirigí a Barichara, ese hermoso pueblo colonial que no tiene nada que envidiarle a Villa de Leyva. Una vez en el lugar me enteré de que se habían cambiado a una vereda en medio del campo...
Después de meditarlo unos 5 segundos decidí que ya entrado en gastos no perdía nada en tratar de encontrarlo, pues me dieron indicaciones y, afortunadamente, la tarjeta del propietario. Lo llamé y le pedí indicaciones aunque guardaba pocas esperanzas porque ya eran las 4 de la tarde. Después de una breve desorientación y un camino sin pavimentar llegué a este lindo restaurante, que está en medio del campo pero cuya vista permite apreciar parte de Barichara.
Tiene una linda arquitectura y me imagino que la idea de trasladarlo hasta acá pretende darle un toque casi mágico. Espero haya sido buena idea pues encontrarlo aún no es fácil.
Nos recibieron bastante bien y es agradable ver que se esmeran por el cliente. La carta del día no tenía casi opciones, asi que no puedo juzgar aún la variedad. De entrada y con hambre todo sabe bien; me pareció delicioso el pan con mantequilla y un antipasto a base de cebada, apenas para abrir el apetito.
En seguida llegó mi carne en la prometida salsa de hormigas. Debo decir que el aspecto puede resultar apetitoso para unos y para otros no, pues en la mente está presente (por lo menos en la mía) que un insecto en la comida es un accidente más que otra cosa. Sin embargo ya me había atrevido a comer estas hormiguitas en un viaje anterior y descubrí su rico sabor así que el impacto no fue tan grande. Digo esto porque he mostrado la foto y hay gente con reacción negativa.
Como fotógrafo reconozco que es difícil hacer ver apetitosa una carne con hormigas culonas encima... por alguna razón algo opone resistencia visualmente.
Pero, y es un gran pero, su sabor junto con la carne me resultó sumamente agradable, la salsa en gustosa, no tan espesa como la imaginaba y las hormigas van deliciosamente tostadas, dándole una textura interesante al bocado. La carne estaba en buen punto, se nota que saben prepararla. Como complemento sirven una sencilla ensalada y arroz que se moja en la salsa restante y así puede uno dejar el plato limpio si quiere.
Para este plato creo que vendría mejor un vino que una cerveza, pero en el momento no los ofrecían.
De postre había platanito con helado de uchuva, buen remate para una carne que sorprende y que recomiendo a los que les guste probar cosas nuevas. Y claro, espresso, que estaba rico y es el primero que me ofrecen en Santander.
Vale la pena el esfuerzo de buscar el restaurante? mi SI es rotundo, el lugar, la vista, el clima y la comida se conjugan bien y uno sale contento de allí.
Si están por la zona no olviden visitar otros restaurantes de la Ruta Comunera.
sábado, 23 de junio de 2012
El Patio
Restaurante digno de una capital gastronómica. Es el único que conozco de Socorro, no sé si sea un patrón recurrente en este pueblo santandereano. Lo que sí sé es que sirven las carnes con maestría, muy bien hechas, muy buenos cortes y con giros de sabor que me resultaron espectaculares, tanto que fui dos veces en menos de una semana.
Queda en la 12 con 12 y cuando uno entra siente que se equivocó porque el restaurante queda en el solar de la casa y no a la entrada como todos los que conocemos. Su diseño es austero y se pensaría que tiene poco de innaugurado pero me contaron que ya lleva 8 años y es de esos secretos que se pasan de boca en boca.
Para amenizar la llegada decidimos comenzar con una deliciosa sangría, bebida refrescante con frutas y vino que cae muy bien con este calor.
De paso pedimos un plátano asado con queso y bocadillo que acá tiene un toque original con ralladura de limón, la cual le da un delicioso contraste al plato.
En seguida llegan las carnes, que es el fuerte del restaurante y tengo entendido que su creador aprendió las técnicas brasileras cuando vivió por allá. Si algo recuerdo de este país es que su carne es tan deliciosa como la de Argentina. Mito o realidad no defrauda al comensal, la carne es muy sabrosa, bien hecha aunque en mi idioma término medio equivale acá a 3/4 y por eso es mejor pedirla así en este restaurante. Lo notable de la carta es que las carnes vienen preparadas en varios toques de sabor, como ahumado o chipotle; al principio creí que serían salsas pero en realidad es la manera de condimentarlas lo que le da ese toque tan gustoso.
Me recomendaron pedir media porción de lomo chipotle y otra media porción de cerdo; ambos estaban muy buenos y con la sangría mejor aún. Vienen acompañados de yuca, que considero deliciosa en su sencillez, apenas para echarle picante o untarla en salsa si existe. También traen ensalada, por si el comensal requiere verduras con urgencia ante tanta carne.
En mi siguiente visita pedí las costillas de cerdo en BBQ, muy buenas en verdad, todo un recomendado aunque mi favorito continúa siendo el lomo en chipotle.
Ya para bajarle a tanta sal, pedimos el matrimonio de arequipe y queso. Me gustó bastante esa "palmera" que hacen para decorarlo y estaba rico y apenas para el café.
No tienen espresso desafortunadamente pero si manejan con orgullo la marca Juan Valdez.
Lo único que no me gustó: que los mosquitos también se alimentan bastante del cliente, recomiendo llevar pantalón largo. De resto, precios razonables y mucha calidad, eso si toca hacer reserva pues suele estar lleno, quién diría. Pero recuerde que es cercano a otros pueblos como San Gil, Barichara y Pinchote que son bastante turísticos, asi que tampoco debe extrañar que la buena mesa se esté tomando esta zona del país.
Si está por la zona no deje de ir a los otros de la Ruta Comunera.
domingo, 7 de agosto de 2011
Liberales
Hace años no me comía uno; siempre me causó curiosidad y cierto apetito su vivo color rojo.
Aunque no han desparecido de las panaderías tradicionales colombianas es raro verlos tan frescos.
Comprado y consumido en una panadería de pueblo (esquinera como la mayoría de panaderías de pueblo) donde esta niña se veía bastante ilusionada con la... ejem... torta.
Aunque no han desparecido de las panaderías tradicionales colombianas es raro verlos tan frescos.
Comprado y consumido en una panadería de pueblo (esquinera como la mayoría de panaderías de pueblo) donde esta niña se veía bastante ilusionada con la... ejem... torta.
sábado, 30 de abril de 2011
Archie's es mucho más que pizza
La pizza; nada mejor para acompañar una cerveza o para pedir un domicilio un día que no se quiere salir de casa. Como les conté respecto a Karen's y 1969 la pizza es un plato que se ha venido sofisticando con el tiempo y de ser comida rápida ahora es también gourmet.
Tal vez la pizzeria que más frecuento es Archie's (pizzeria es un decir porque realmente son trattoria), que tiene varias sedes en Bogotá y viene a ser algo así como la opción número 2 cuando Crepes y Waffles es la primera en términos de popularidad.
Mi favorita: la Archie's que es de carnes
Sus pizzas siempre están bien hechas lo cual es a veces un poco desafortunado porque los demás platos de la carta terminan relegados, así que me dí a la noble tarea de descubrir qué más ofrece ese menú.
Descubrí por ejemplo que la sopa de tomate es sabrosa, con croutones y un poco de crema de leche para balancear la acidez. Y las pastas suelen ser deliciosas aunque si debo anotar que no son tan recargadas como uno quisiera.
Escalopines. Deliciosos hasta el último bocado.
Si hay algo muy característico de Archie's y que nunca paso por alto es esa entrada de cortesía que consiste en un pan, muy rico por cierto, acompañado de aceite de oliva y balsámico y que abre tan bien el apetito.
Otra cosa que nunca olvido es pedir el aceite picante de la casa, que incluso venden para llevar. Me gusta porque a diferencia de los picantes tradicionales, éste tiene efecto retardado permitiendo saborear la pizza y picarse a dos tiempos, raro no?
Finalmente están los postres, de los cuales me gusta el chocoflan, muy parecido al de Watakushi pero este último es mejor.
El espresso lo hacen con café Juan Valdéz, sabe bien pero no entra en mi lista de los mejores de Bogotá.
Así que si está desprogramado y no quiere ir otra vez a Crepes, Archie's es una buena alternativa. Sus precios son más altos que los de 1969 (promedio $18.000), pero su calidad es mucho mejor. Eso si, no espere rellenarse, los platos tienen el tamaño justo para quitar el hambre no para salir rodando.
Tal vez la pizzeria que más frecuento es Archie's (pizzeria es un decir porque realmente son trattoria), que tiene varias sedes en Bogotá y viene a ser algo así como la opción número 2 cuando Crepes y Waffles es la primera en términos de popularidad.
Mi favorita: la Archie's que es de carnes
Sus pizzas siempre están bien hechas lo cual es a veces un poco desafortunado porque los demás platos de la carta terminan relegados, así que me dí a la noble tarea de descubrir qué más ofrece ese menú.
Descubrí por ejemplo que la sopa de tomate es sabrosa, con croutones y un poco de crema de leche para balancear la acidez. Y las pastas suelen ser deliciosas aunque si debo anotar que no son tan recargadas como uno quisiera.
Escalopines. Deliciosos hasta el último bocado.
Si hay algo muy característico de Archie's y que nunca paso por alto es esa entrada de cortesía que consiste en un pan, muy rico por cierto, acompañado de aceite de oliva y balsámico y que abre tan bien el apetito.
Otra cosa que nunca olvido es pedir el aceite picante de la casa, que incluso venden para llevar. Me gusta porque a diferencia de los picantes tradicionales, éste tiene efecto retardado permitiendo saborear la pizza y picarse a dos tiempos, raro no?
Finalmente están los postres, de los cuales me gusta el chocoflan, muy parecido al de Watakushi pero este último es mejor.
El espresso lo hacen con café Juan Valdéz, sabe bien pero no entra en mi lista de los mejores de Bogotá.
Así que si está desprogramado y no quiere ir otra vez a Crepes, Archie's es una buena alternativa. Sus precios son más altos que los de 1969 (promedio $18.000), pero su calidad es mucho mejor. Eso si, no espere rellenarse, los platos tienen el tamaño justo para quitar el hambre no para salir rodando.
sábado, 23 de abril de 2011
Crêperíe Le Bonaparte - A la caza del pato 3
Ya me había llamado la atención este restaurante cuando quedaba sobre la Jimenez pero lo trasladaron y le perdí el rastro hasta que me topé con él justo al lado de la Plaza de Bolívar.
Es atendido por su chef, Jacky Pinaut y desde que uno se sienta la atmósfera resulta agradable, me recuerda los cafés de París uh lá lá. Pero en serio, es bonito por dentro y me trajo realmente buenos recuerdos de la ciudad luz, con su decoración tan francesa que fácilmente narra uno la historia de ese país con mirar los cuadros.
Su carta es amplia y variada y tienen un plato especial que será mencionado por el chef mientras le queden y tuvimos la fortuna de que fuera el pato la selección del día pues no me lo esperaba acá y en la carta no aparece. Yo me pedí lo más francés que pude encontrar, un chateaubriand bordelaise y mientras esperábamos decidimos probar el paté de la casa, que estaba buenísimo.
Una vez consumido llegaron los platos fuertes; el mio estaba muy apetitoso y la salsa bordelesa le quedaba tan bien que me extraña no haber lamido el plato. Bueno, para eso es el pan.
El pato también estaba delicioso, como ya he explicado acá y acá, ese sabor es ganador y en Le Bonaparte no fue la excepción. Los platos venían acompañados con vegetales los cuales más que nada fueron los que me rememoraron París.
Para el postre pedimos crêpe suzette, el cual ya describí en otro post y aunque no era tan espectacular como el de Les Halles si estaba bien rico; lo flamean en la mesa y le hace honor al restaurante pues si pone en grandes letras crêperíe es por algo. El dulce sabor estaba apenas para el espresso, el cual me dejó gratamente sorprendido y entra en la lista de los mejores espressos de Bogotá.
No se aprecia bien pero está ardiendo en las deliciosas llamas del Gran Marnier
Por sus características es un restaurante al que vale la pena invitar a alguien y salir bien parado, tanto en atención como en sabores y los precios apropiados para su categoría (plato promedio a $28.000). Me pareció perfecto para viernes y otra excelente opción para evidenciar que el centro tiene mucho por mostrar aún.
Es atendido por su chef, Jacky Pinaut y desde que uno se sienta la atmósfera resulta agradable, me recuerda los cafés de París uh lá lá. Pero en serio, es bonito por dentro y me trajo realmente buenos recuerdos de la ciudad luz, con su decoración tan francesa que fácilmente narra uno la historia de ese país con mirar los cuadros.
Su carta es amplia y variada y tienen un plato especial que será mencionado por el chef mientras le queden y tuvimos la fortuna de que fuera el pato la selección del día pues no me lo esperaba acá y en la carta no aparece. Yo me pedí lo más francés que pude encontrar, un chateaubriand bordelaise y mientras esperábamos decidimos probar el paté de la casa, que estaba buenísimo.
Una vez consumido llegaron los platos fuertes; el mio estaba muy apetitoso y la salsa bordelesa le quedaba tan bien que me extraña no haber lamido el plato. Bueno, para eso es el pan.
El pato también estaba delicioso, como ya he explicado acá y acá, ese sabor es ganador y en Le Bonaparte no fue la excepción. Los platos venían acompañados con vegetales los cuales más que nada fueron los que me rememoraron París.
Para el postre pedimos crêpe suzette, el cual ya describí en otro post y aunque no era tan espectacular como el de Les Halles si estaba bien rico; lo flamean en la mesa y le hace honor al restaurante pues si pone en grandes letras crêperíe es por algo. El dulce sabor estaba apenas para el espresso, el cual me dejó gratamente sorprendido y entra en la lista de los mejores espressos de Bogotá.
No se aprecia bien pero está ardiendo en las deliciosas llamas del Gran Marnier
Por sus características es un restaurante al que vale la pena invitar a alguien y salir bien parado, tanto en atención como en sabores y los precios apropiados para su categoría (plato promedio a $28.000). Me pareció perfecto para viernes y otra excelente opción para evidenciar que el centro tiene mucho por mostrar aún.
sábado, 12 de marzo de 2011
Colfrance o las delicias de comer en carretera
En la vía de Bogotá a Chiquinquirá en el municipio de Capellanía (zona lechera junto con Ubaté a propósito) está Colfrance.

Es un lugar popular para detenerse. A diferencia de muchos restaurantes de carretera,que en Colombia normalmente son malos, sobretodo esos en los que paran los buses, Colfrance ofrece productos frescos e interesantes.
Como parte de su nombre lo indica tiene tradición francesa y se especializan, como no, en la fabricación de derivados lácteos. A mi me gusta comprar el queso holandés que hacen muy barato y delicioso; también tienen Tilsit, Camembert, Brie, Pera y bastantes más lo que convierten a este lugar en el recomendado para hacer compras de ese tipo. Otro producto que me encanta es el arequipe, contextura y sabor casi perfectos y a precio que me parece razonable.
Lo interesante también viene por el lado de las carnes, cuando paso por ahí siempre me antojo de una empanada rellena de carne, arepa con queso derretido y jugosas salchichas que pueden ser de ternera, cerdo o res y que con un buen ají casero y ensalada de papa de la casa están apenas para continuar el viaje con energía.
De solo recordarlo me dan ganas de hacer otro viajecito por la Ruta Comunera.
domingo, 27 de febrero de 2011
Fornalla - A la caza del pato 2
En este largo recorrido gourmet se topa uno con joyas cada cierto tiempo. Uno pensaría que los buenos restaurantes quedan en las zonas más conocidas de la ciudad como la T o Usaquén o la zona G; pero eso es un mito como lo demuestra Fornalla.
Este restaurante queda nada menos que en Teusaquillo, barrio que gozara antaño de gran prestigio pero hoy pocas persona quieren vivir en casas tan grandes. Se prestan eso si para ser remodeladas y, como el caso de Fornalla (se pronuncia Fornala) o más bien su asociado Casanovas Boutique, convertirse en hoteles boutique.
No hablaré del hotel, que me pareció bonito pero si de la comida de este especial restaurante, con el cual tuvimos que hacer reserva con tiempo pero para el pato, que se agota con facilidad y cuya preparación requiere tiempo.
De entrada nos sorprendieron con un sabroso pan artesanal acompañado paté de la casa; lo despachamos rápidamente.
De plato fuerte obviamente la suprema de pato, que estaba como dice el menú: jugoso. Ya había dicho que este sabor es muy característico y con Fornalla me reitero en lo dicho, el pato es simplemente delicioso. De acompañamiento hubo dos guarniciones, un couscous y ensalada.
Miren ese delicioso cuero del pato, luce espectacular.
Para bañar los platos nada mejor que el vino de la casa, recomendado e importado por su propio chef, el cual lo atiende a uno personalmente, cosa que me gustó bastante. Fui entre semana y luego para trabajar da un poco de aprehensión volver medio entonado pero esa sensación del estómago lleno de delicias contrarresta cualquier preocupación.
De postre elegimos el plato degustación que trae tres de los innumerables postres de la carta y debo decir que todos estuvieron ricos, especialmente el parfait de chocolate. Tamaños perfectos, un postre debe ser la culminación del festín y como eramos 6...
No pedí espresso, asi que mi caza del espresso perfecto tendrá que esperar a la próxima vez que vaya y les aseguro que volveré... asi sea a su gastro-market, con muchas preparaciones para llevar a casa.
¿Y los precios? constaten ustedes mismos la carta. A mi me parece que por el servicio y la calidad de la comida son más que razonables. Y sin van, que les muestren los cuartos del hotel, si no viviera en Bogotá me hospedaría unos días que quiera descansar y comer bien y nada más.
Este restaurante queda nada menos que en Teusaquillo, barrio que gozara antaño de gran prestigio pero hoy pocas persona quieren vivir en casas tan grandes. Se prestan eso si para ser remodeladas y, como el caso de Fornalla (se pronuncia Fornala) o más bien su asociado Casanovas Boutique, convertirse en hoteles boutique.
No hablaré del hotel, que me pareció bonito pero si de la comida de este especial restaurante, con el cual tuvimos que hacer reserva con tiempo pero para el pato, que se agota con facilidad y cuya preparación requiere tiempo.
De entrada nos sorprendieron con un sabroso pan artesanal acompañado paté de la casa; lo despachamos rápidamente.
De plato fuerte obviamente la suprema de pato, que estaba como dice el menú: jugoso. Ya había dicho que este sabor es muy característico y con Fornalla me reitero en lo dicho, el pato es simplemente delicioso. De acompañamiento hubo dos guarniciones, un couscous y ensalada.
Miren ese delicioso cuero del pato, luce espectacular.
Para bañar los platos nada mejor que el vino de la casa, recomendado e importado por su propio chef, el cual lo atiende a uno personalmente, cosa que me gustó bastante. Fui entre semana y luego para trabajar da un poco de aprehensión volver medio entonado pero esa sensación del estómago lleno de delicias contrarresta cualquier preocupación.
De postre elegimos el plato degustación que trae tres de los innumerables postres de la carta y debo decir que todos estuvieron ricos, especialmente el parfait de chocolate. Tamaños perfectos, un postre debe ser la culminación del festín y como eramos 6...
No pedí espresso, asi que mi caza del espresso perfecto tendrá que esperar a la próxima vez que vaya y les aseguro que volveré... asi sea a su gastro-market, con muchas preparaciones para llevar a casa.
¿Y los precios? constaten ustedes mismos la carta. A mi me parece que por el servicio y la calidad de la comida son más que razonables. Y sin van, que les muestren los cuartos del hotel, si no viviera en Bogotá me hospedaría unos días que quiera descansar y comer bien y nada más.
viernes, 10 de diciembre de 2010
Les Halles
En esto de andar mirando restaurantes no niego la enorme influencia que ha tenido Anthony Bourdain, sobretodo porque el tipo escribe bien, tiene su vena literaria y además disfruta de la comida (tan flaco que está y miren).
Me gustó e inquietó sobretodo el programa que le dedicó a los bloggers de comida como yo (foodies que llaman) donde no ocultó su desprecio por aquellos que elevan la comida más allá de lo que es a la vez que mostró mejor actitud respecto a aquellos que son sinceros en sus aproximaciones.
Su libro Kitchen Confidential es una mirada profunda a los ires y venires de los chefs y restaurantes y lo ingrata que puede ser la profesión. Yo mismo he visto como sus historias son perfectamente trasladables a Colombia.
Bourdain es también un foodie aunque se puede dar el lujo de hacerlo a escala planetaria, yo más modestamente trato de hacerlo en Bogotá aunque he hecho mis pinitos internacionales... y de hecho para innaugurar de manera internacional el blog y jugar con la ironía de la vida a continuación hablo de mi visita a Les Halles, el restaurante de Anthony Bourdain.
Comencemos por decir que hay dos sedes de Les Halles en Manhattan pero el presupuesto solo alcanzó para ir a una, a la cual invité a mi hermanita a cenar: la de Downtown.
El ambiente era el típico de restaurante francés pues se supone que es una brasserie: un restaurante algo más formal que el bistró pero no tan refinado como uno clásico. La reservación la hice desde Bogotá por si las moscas pero me di cuenta que aún sin reservación habríamos conseguido mesa (a propósito No Reservations es el nombre del programa de Bourdain).
Una vez sentados pedimos un par de martinis (hey estamos en la capital del martini, asi que comencemos con un Cosmopolitan).
La carta no es tan extensa pero aún así hay demasiadas opciones; nos fuimos por la deliciosa terrine maison para compartir (que es como un paté que combina cerdo, ternera y conejo) para probar el toque francés del lugar.
Seguidamente mi hermana pidió carne: el plato famoso en Les Halles es la sencilla carne con papas fritas, sobretodo las papas que son consideradas unas de las mejores del mundo y las hacen con aceite de maní. Yo pedí el steak a la pimienta que simplemente es una variación del pedido por mi hermana. Debo decir que no sé si sea porque me creo el cuento o porque tenía hambre pero de verdad esas papas saben a gloria y la carne estaba muy jugosa y bien hecha.
Para bañar los platos fuertes pedimos sendas copas de vino rosado, que hace rato se viene valorizando cuando hace apenas 10 años era despreciado y le quedaron muy bien. Adicionalmente viene ensalada la cual no resultó tan excitante como el resto de platos pero estaba bien.
De postre optamos por un clásico francés, crêpe suzette, el cual desde niño añoraba ver preparado a la manera que lo hace el mayordomo Coleman en Trading Places (De Mendigo A Millonario). Y justo así nos lo prepararon, tal vez fue la nota más interesante de la noche porque realmente todo el mundo disfruta ver ese pequeño show culinario.
Hay que agregar que el sabor y la textura me parecieron fuera de este mundo...realmente era como me lo imaginaba, exquisito a más no poder y por eso me alegro de haber pedido champagne para acompañarlo.
Nota curiosa: la champagne de Les Halles es Tattinger. Compré una botella unos años antes en un viajecito por California y que aparece en este post: procastinando el placer.
Para rematar, como siempre, la búsqueda del espresso perfecto y el de Les Halles está muy bien preparado.
En conclusión, es una experiencia que vale la pena si pasan por NY. Y si han leído o visto el programa de don Bourdain la visita tendrá mucho más sentido; su restaurante sale deliciosamente bien librado.
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Su libro Kitchen Confidential es una mirada profunda a los ires y venires de los chefs y restaurantes y lo ingrata que puede ser la profesión. Yo mismo he visto como sus historias son perfectamente trasladables a Colombia.
Bourdain es también un foodie aunque se puede dar el lujo de hacerlo a escala planetaria, yo más modestamente trato de hacerlo en Bogotá aunque he hecho mis pinitos internacionales... y de hecho para innaugurar de manera internacional el blog y jugar con la ironía de la vida a continuación hablo de mi visita a Les Halles, el restaurante de Anthony Bourdain.
Comencemos por decir que hay dos sedes de Les Halles en Manhattan pero el presupuesto solo alcanzó para ir a una, a la cual invité a mi hermanita a cenar: la de Downtown.
El ambiente era el típico de restaurante francés pues se supone que es una brasserie: un restaurante algo más formal que el bistró pero no tan refinado como uno clásico. La reservación la hice desde Bogotá por si las moscas pero me di cuenta que aún sin reservación habríamos conseguido mesa (a propósito No Reservations es el nombre del programa de Bourdain).
Una vez sentados pedimos un par de martinis (hey estamos en la capital del martini, asi que comencemos con un Cosmopolitan).
La carta no es tan extensa pero aún así hay demasiadas opciones; nos fuimos por la deliciosa terrine maison para compartir (que es como un paté que combina cerdo, ternera y conejo) para probar el toque francés del lugar.
Seguidamente mi hermana pidió carne: el plato famoso en Les Halles es la sencilla carne con papas fritas, sobretodo las papas que son consideradas unas de las mejores del mundo y las hacen con aceite de maní. Yo pedí el steak a la pimienta que simplemente es una variación del pedido por mi hermana. Debo decir que no sé si sea porque me creo el cuento o porque tenía hambre pero de verdad esas papas saben a gloria y la carne estaba muy jugosa y bien hecha.
Para bañar los platos fuertes pedimos sendas copas de vino rosado, que hace rato se viene valorizando cuando hace apenas 10 años era despreciado y le quedaron muy bien. Adicionalmente viene ensalada la cual no resultó tan excitante como el resto de platos pero estaba bien.
De postre optamos por un clásico francés, crêpe suzette, el cual desde niño añoraba ver preparado a la manera que lo hace el mayordomo Coleman en Trading Places (De Mendigo A Millonario). Y justo así nos lo prepararon, tal vez fue la nota más interesante de la noche porque realmente todo el mundo disfruta ver ese pequeño show culinario.
Hay que agregar que el sabor y la textura me parecieron fuera de este mundo...realmente era como me lo imaginaba, exquisito a más no poder y por eso me alegro de haber pedido champagne para acompañarlo.
Nota curiosa: la champagne de Les Halles es Tattinger. Compré una botella unos años antes en un viajecito por California y que aparece en este post: procastinando el placer.
Para rematar, como siempre, la búsqueda del espresso perfecto y el de Les Halles está muy bien preparado.
En conclusión, es una experiencia que vale la pena si pasan por NY. Y si han leído o visto el programa de don Bourdain la visita tendrá mucho más sentido; su restaurante sale deliciosamente bien librado.
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