Pocos restaurantes tienen la fuerza de hacerme volver por su constante calidad, aquellos en los que siempre me va bien y por lo tanto son los primeros en la lista cuando tengo algún invitado. Uno de ellos es Armadillo, en la llamada Zona G (Calle 72 con 5a).
Lo descubrí porque a mi mismo me celebraron un cumpleaños allá y vaya si fue buena elección. La carta no es abrumadora y se consiguen platos para todos los gustos. Es por eso que allá llevé a mi madre de cumpleaños, porque no come sino pescado y no quería invitarla a las tradicionales pescaderias capitalinas. El sitio es bonito, confortable y tiene un gran ambiente. No se pierdan este lindo cuadro de.... como no, armadillos:
De entrada un excelente jamón serrano con mango en vinagreta cítrica. Delicioso en su sencillez y contraste y apenas para abrir el apetito.
Luego a lo que vinimos, la carne, que siempre está jugosa sabrosa y sobretodo bien hecha, el término medio es perfecto. Yo la pedí estilo Jalisco, chatas a la brasa con jalapeños y guarnición de puré de papa; qué más clásico que esto?
Mi mamá por supuesto se fue por un exquisito atún rosado a la brasa con salsa de mandarina, que estaba para chuparse los dedos. Lo interesante del sitio es que los platos son más bien generosos y por los precios realmente viene a ser toda una ganga.
De postre la elección fue Cheesecake de frutos rojos, tal vez de las fotos más apetitosas que le he tomado a algo dulce. De solo recordarlo me dan ganas de volver.
Esta vez no hubo cacería al espresso perfecto, asi que es otra excusa para volver. Buena atención, lugar, ambiente y precios, como dije: si tiene invitados es un buen lugar para ir a ojo cerrado.
Trabajando en el centro de Bogotá surge la pregunta como cinco veces a la semana; y tiene muchas deliciosas respuestas...
Mostrando entradas con la etiqueta restaurantes. Mostrar todas las entradas
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sábado, 1 de septiembre de 2012
sábado, 14 de julio de 2012
La Ruta Comunera
Algunos pueblos de Santander como Socorro, Pinchote o Barichara tienen su lugar en la historia como antecedentes a la revolución contra los españoles que culminaría con la independencia de Colombia.
De especial importancia es el episiodio conocido como La Rebelión de los Comuneros en 1781 el cual se desarrolla en Socorro cuando la valiente Manuela Beltrán rompe los edictos sobre los nuevos impuestos y comienza una revolución que contagia los pueblos vecinos y sus gentes terminan desafiando a la nobleza de la época. Serían traicionados pero su lucha no fue vana pues alimentó la resistencia de nuevas generaciones que a la postre liderarían la enmancipación de España.
Con tan fuerte antecedente histórico se comprende que esta zona de Colombia tiene bastante historia encima y por lo tanto tradición. Adicionalmente su geografía es muy rica y se ha convertido en destino obligado para deportistas extremos que cuentan con muchas opciones como torrentismo, rafting, parapente y espeleología entre otros.
Los Comuneros viajaron de Santander a Bogotá a hacerse oír. Yo viajo de Bogotá a Santander a explorar y por lo tanto es lo que yo llamo la Ruta Comunera, que no es exactamente la que siguieron estos proto-patriotas, pero se le acerca y que incluye a paradas intermedias.
Y no hay exploración completa si no se prueba la cocina. Con sorpresa revisé mis archivos y después de Bogotá es en esta Ruta donde he descubierto verdaderos tesoros gastronómicos que acá comparto, asi que si van viajando a Bucaramanga o incluso hasta la costa, les recomiendo parar y dejarse llevar por ciertos deliciosos manjares.
La primera parada es cerca a Ubaté y en la ruta que de Bogotá va a Barbosa pasando por Chiquinquirá.
La segunda parada ya es en Socorro, para probar un exquisito restaurante de carnes.
A continuación pueden llegar a San Gil y desviarse bien sea a Barichara, destino obligado si se hace turismo, para que prueben esta interesante carne en salsa de hormigas.
O también pueden optar por ir al poco conocido Valle de San José a probar estos exquisitos chorizos en panela.
Entre San Gil y el Valle de San José está la hacienda el Calapo, cuyo café ya hemos probado y seguimos recomendando.
También pueden seguir hacia Bucaramanga y si entran al lindo Parque Nacional Chicamocha les recomiendo tomar el teleférico que comunica a la Mesa de los Santos y comer en Mercagan, un delicioso restaurante de carnes que reseñaré a su tiempo.
Como ven, en la Ruta hay bastantes lugares por conocer, lo agradecerán no solo la vista, también el paladar.
De especial importancia es el episiodio conocido como La Rebelión de los Comuneros en 1781 el cual se desarrolla en Socorro cuando la valiente Manuela Beltrán rompe los edictos sobre los nuevos impuestos y comienza una revolución que contagia los pueblos vecinos y sus gentes terminan desafiando a la nobleza de la época. Serían traicionados pero su lucha no fue vana pues alimentó la resistencia de nuevas generaciones que a la postre liderarían la enmancipación de España.
Con tan fuerte antecedente histórico se comprende que esta zona de Colombia tiene bastante historia encima y por lo tanto tradición. Adicionalmente su geografía es muy rica y se ha convertido en destino obligado para deportistas extremos que cuentan con muchas opciones como torrentismo, rafting, parapente y espeleología entre otros.
Los Comuneros viajaron de Santander a Bogotá a hacerse oír. Yo viajo de Bogotá a Santander a explorar y por lo tanto es lo que yo llamo la Ruta Comunera, que no es exactamente la que siguieron estos proto-patriotas, pero se le acerca y que incluye a paradas intermedias.
Y no hay exploración completa si no se prueba la cocina. Con sorpresa revisé mis archivos y después de Bogotá es en esta Ruta donde he descubierto verdaderos tesoros gastronómicos que acá comparto, asi que si van viajando a Bucaramanga o incluso hasta la costa, les recomiendo parar y dejarse llevar por ciertos deliciosos manjares.
La primera parada es cerca a Ubaté y en la ruta que de Bogotá va a Barbosa pasando por Chiquinquirá.
La segunda parada ya es en Socorro, para probar un exquisito restaurante de carnes.
A continuación pueden llegar a San Gil y desviarse bien sea a Barichara, destino obligado si se hace turismo, para que prueben esta interesante carne en salsa de hormigas.
O también pueden optar por ir al poco conocido Valle de San José a probar estos exquisitos chorizos en panela.
Entre San Gil y el Valle de San José está la hacienda el Calapo, cuyo café ya hemos probado y seguimos recomendando.
También pueden seguir hacia Bucaramanga y si entran al lindo Parque Nacional Chicamocha les recomiendo tomar el teleférico que comunica a la Mesa de los Santos y comer en Mercagan, un delicioso restaurante de carnes que reseñaré a su tiempo.
Como ven, en la Ruta hay bastantes lugares por conocer, lo agradecerán no solo la vista, también el paladar.
sábado, 30 de junio de 2012
Color de Hormiga
De cumpleaños quería ir a este restaurante que ya se estaba tornando en leyenda porque la gente de los alrededores hablan de él como quien relata un mito: "hay un casa en barichara donde sirven platos hechos con hormiga" oí la primera vez, en otra ocasión escuché que "pertenece a Belisario Betancur, que puso un hotel y tiene su restaurante" a la tercera me contaron de un lugar en Barichara que sirve cabrito en salsa de hormiga.
Todo mito está basado en alguna realidad así que armado de paciencia me dediqué a investigar de dónde provenían estos comentarios, de gente que nunca por supuesto había ido. No fue difícil hallarlo en internet y con la información conseguida me dirigí a Barichara, ese hermoso pueblo colonial que no tiene nada que envidiarle a Villa de Leyva. Una vez en el lugar me enteré de que se habían cambiado a una vereda en medio del campo...
Después de meditarlo unos 5 segundos decidí que ya entrado en gastos no perdía nada en tratar de encontrarlo, pues me dieron indicaciones y, afortunadamente, la tarjeta del propietario. Lo llamé y le pedí indicaciones aunque guardaba pocas esperanzas porque ya eran las 4 de la tarde. Después de una breve desorientación y un camino sin pavimentar llegué a este lindo restaurante, que está en medio del campo pero cuya vista permite apreciar parte de Barichara.
Tiene una linda arquitectura y me imagino que la idea de trasladarlo hasta acá pretende darle un toque casi mágico. Espero haya sido buena idea pues encontrarlo aún no es fácil.
Nos recibieron bastante bien y es agradable ver que se esmeran por el cliente. La carta del día no tenía casi opciones, asi que no puedo juzgar aún la variedad. De entrada y con hambre todo sabe bien; me pareció delicioso el pan con mantequilla y un antipasto a base de cebada, apenas para abrir el apetito.
En seguida llegó mi carne en la prometida salsa de hormigas. Debo decir que el aspecto puede resultar apetitoso para unos y para otros no, pues en la mente está presente (por lo menos en la mía) que un insecto en la comida es un accidente más que otra cosa. Sin embargo ya me había atrevido a comer estas hormiguitas en un viaje anterior y descubrí su rico sabor así que el impacto no fue tan grande. Digo esto porque he mostrado la foto y hay gente con reacción negativa.
Como fotógrafo reconozco que es difícil hacer ver apetitosa una carne con hormigas culonas encima... por alguna razón algo opone resistencia visualmente.
Pero, y es un gran pero, su sabor junto con la carne me resultó sumamente agradable, la salsa en gustosa, no tan espesa como la imaginaba y las hormigas van deliciosamente tostadas, dándole una textura interesante al bocado. La carne estaba en buen punto, se nota que saben prepararla. Como complemento sirven una sencilla ensalada y arroz que se moja en la salsa restante y así puede uno dejar el plato limpio si quiere.
Para este plato creo que vendría mejor un vino que una cerveza, pero en el momento no los ofrecían.
De postre había platanito con helado de uchuva, buen remate para una carne que sorprende y que recomiendo a los que les guste probar cosas nuevas. Y claro, espresso, que estaba rico y es el primero que me ofrecen en Santander.
Vale la pena el esfuerzo de buscar el restaurante? mi SI es rotundo, el lugar, la vista, el clima y la comida se conjugan bien y uno sale contento de allí.
Si están por la zona no olviden visitar otros restaurantes de la Ruta Comunera.
Todo mito está basado en alguna realidad así que armado de paciencia me dediqué a investigar de dónde provenían estos comentarios, de gente que nunca por supuesto había ido. No fue difícil hallarlo en internet y con la información conseguida me dirigí a Barichara, ese hermoso pueblo colonial que no tiene nada que envidiarle a Villa de Leyva. Una vez en el lugar me enteré de que se habían cambiado a una vereda en medio del campo...
Después de meditarlo unos 5 segundos decidí que ya entrado en gastos no perdía nada en tratar de encontrarlo, pues me dieron indicaciones y, afortunadamente, la tarjeta del propietario. Lo llamé y le pedí indicaciones aunque guardaba pocas esperanzas porque ya eran las 4 de la tarde. Después de una breve desorientación y un camino sin pavimentar llegué a este lindo restaurante, que está en medio del campo pero cuya vista permite apreciar parte de Barichara.
Tiene una linda arquitectura y me imagino que la idea de trasladarlo hasta acá pretende darle un toque casi mágico. Espero haya sido buena idea pues encontrarlo aún no es fácil.
Nos recibieron bastante bien y es agradable ver que se esmeran por el cliente. La carta del día no tenía casi opciones, asi que no puedo juzgar aún la variedad. De entrada y con hambre todo sabe bien; me pareció delicioso el pan con mantequilla y un antipasto a base de cebada, apenas para abrir el apetito.
En seguida llegó mi carne en la prometida salsa de hormigas. Debo decir que el aspecto puede resultar apetitoso para unos y para otros no, pues en la mente está presente (por lo menos en la mía) que un insecto en la comida es un accidente más que otra cosa. Sin embargo ya me había atrevido a comer estas hormiguitas en un viaje anterior y descubrí su rico sabor así que el impacto no fue tan grande. Digo esto porque he mostrado la foto y hay gente con reacción negativa.
Como fotógrafo reconozco que es difícil hacer ver apetitosa una carne con hormigas culonas encima... por alguna razón algo opone resistencia visualmente.
Pero, y es un gran pero, su sabor junto con la carne me resultó sumamente agradable, la salsa en gustosa, no tan espesa como la imaginaba y las hormigas van deliciosamente tostadas, dándole una textura interesante al bocado. La carne estaba en buen punto, se nota que saben prepararla. Como complemento sirven una sencilla ensalada y arroz que se moja en la salsa restante y así puede uno dejar el plato limpio si quiere.
Para este plato creo que vendría mejor un vino que una cerveza, pero en el momento no los ofrecían.
De postre había platanito con helado de uchuva, buen remate para una carne que sorprende y que recomiendo a los que les guste probar cosas nuevas. Y claro, espresso, que estaba rico y es el primero que me ofrecen en Santander.
Vale la pena el esfuerzo de buscar el restaurante? mi SI es rotundo, el lugar, la vista, el clima y la comida se conjugan bien y uno sale contento de allí.
Si están por la zona no olviden visitar otros restaurantes de la Ruta Comunera.
sábado, 23 de junio de 2012
El Patio
Restaurante digno de una capital gastronómica. Es el único que conozco de Socorro, no sé si sea un patrón recurrente en este pueblo santandereano. Lo que sí sé es que sirven las carnes con maestría, muy bien hechas, muy buenos cortes y con giros de sabor que me resultaron espectaculares, tanto que fui dos veces en menos de una semana.
Queda en la 12 con 12 y cuando uno entra siente que se equivocó porque el restaurante queda en el solar de la casa y no a la entrada como todos los que conocemos. Su diseño es austero y se pensaría que tiene poco de innaugurado pero me contaron que ya lleva 8 años y es de esos secretos que se pasan de boca en boca.
Para amenizar la llegada decidimos comenzar con una deliciosa sangría, bebida refrescante con frutas y vino que cae muy bien con este calor.
De paso pedimos un plátano asado con queso y bocadillo que acá tiene un toque original con ralladura de limón, la cual le da un delicioso contraste al plato.
En seguida llegan las carnes, que es el fuerte del restaurante y tengo entendido que su creador aprendió las técnicas brasileras cuando vivió por allá. Si algo recuerdo de este país es que su carne es tan deliciosa como la de Argentina. Mito o realidad no defrauda al comensal, la carne es muy sabrosa, bien hecha aunque en mi idioma término medio equivale acá a 3/4 y por eso es mejor pedirla así en este restaurante. Lo notable de la carta es que las carnes vienen preparadas en varios toques de sabor, como ahumado o chipotle; al principio creí que serían salsas pero en realidad es la manera de condimentarlas lo que le da ese toque tan gustoso.
Me recomendaron pedir media porción de lomo chipotle y otra media porción de cerdo; ambos estaban muy buenos y con la sangría mejor aún. Vienen acompañados de yuca, que considero deliciosa en su sencillez, apenas para echarle picante o untarla en salsa si existe. También traen ensalada, por si el comensal requiere verduras con urgencia ante tanta carne.
En mi siguiente visita pedí las costillas de cerdo en BBQ, muy buenas en verdad, todo un recomendado aunque mi favorito continúa siendo el lomo en chipotle.
Ya para bajarle a tanta sal, pedimos el matrimonio de arequipe y queso. Me gustó bastante esa "palmera" que hacen para decorarlo y estaba rico y apenas para el café.
No tienen espresso desafortunadamente pero si manejan con orgullo la marca Juan Valdez.
Lo único que no me gustó: que los mosquitos también se alimentan bastante del cliente, recomiendo llevar pantalón largo. De resto, precios razonables y mucha calidad, eso si toca hacer reserva pues suele estar lleno, quién diría. Pero recuerde que es cercano a otros pueblos como San Gil, Barichara y Pinchote que son bastante turísticos, asi que tampoco debe extrañar que la buena mesa se esté tomando esta zona del país.
Si está por la zona no deje de ir a los otros de la Ruta Comunera.
domingo, 18 de marzo de 2012
Andrés D.C.
El infaltable Andrés Carne de Res, no lo había querido reseñar. No por que me caiga mal sino por la dificultad que entraña querer reseñar un restaurante que más que eso es una experiencia. Les recomiendo la reseña que hace Ronald Schneider en sus aventuras gastronómicas Bogotá Divina, es un fiel retrato de lo que significa comer allá.
Para mi Andrés está atado a comer en familia, sobretodo con mi hermana y cuando podemos vamos a Chía pero hay ocasiones en las que el tiempo acosa y toca conformarse con buscar en Bogotá. Temía que Andrés D.C. en el Centro Comercial El Retiro en plena Zona Rosa de Bogotá fuera una pálida imitación del original pero para mi sorpresa conserva la misma experiencia, aunque un poco diferente.
Lo más interesante es ver que se divide entre varios pisos que a una manera casi dantesca reciben nombres como Cielo, Infierno Tierra o Purgatorio (Andrés dice que él no lo inventó sino los comensales).
La carta es gigantesca, pero cada quién tiene sus favoritos. Con mi hermana nunca dejamos pasar el exquisito maduro relleno de jalea de guayaba y queso; es todo un manjar.
También solemos pedir las papitas criollas, piedra angular de la gastronomía colombiana y que acompañadas con picante resultan sabrosas.
Picante rojo, casero y chimichurri para la carne, los tres deliciosos aunque a veces les falla el casero.
Mi favorito suele ser el Filet Mignon, termino medio con una deliciosa tocineta alrededor y salsa de champiñones, acompañado de ese inigualable tomate relleno de puré de papa y que lo complementa espectacularmente.
Y de tomar? aunque el plato merece un vino con mi hermana solemos pedir el delicioso y refrescante refajo, a la vieja usanza: 2 de aguila, 2 de colombiana y una copita de aguardiente. Si no lo han probado así, no se han tomado un verdadero refajo.
De postre una cuajada con melao que bastante grande si era y con todas estas calorías encima, la sonrisa de habernos dado un festín y con el resto de domingo para hacer la siesta, salimos de Andrés D.C. una vez más, encantados.
Para mi Andrés está atado a comer en familia, sobretodo con mi hermana y cuando podemos vamos a Chía pero hay ocasiones en las que el tiempo acosa y toca conformarse con buscar en Bogotá. Temía que Andrés D.C. en el Centro Comercial El Retiro en plena Zona Rosa de Bogotá fuera una pálida imitación del original pero para mi sorpresa conserva la misma experiencia, aunque un poco diferente.
Lo más interesante es ver que se divide entre varios pisos que a una manera casi dantesca reciben nombres como Cielo, Infierno Tierra o Purgatorio (Andrés dice que él no lo inventó sino los comensales).
La carta es gigantesca, pero cada quién tiene sus favoritos. Con mi hermana nunca dejamos pasar el exquisito maduro relleno de jalea de guayaba y queso; es todo un manjar.
También solemos pedir las papitas criollas, piedra angular de la gastronomía colombiana y que acompañadas con picante resultan sabrosas.
Picante rojo, casero y chimichurri para la carne, los tres deliciosos aunque a veces les falla el casero.
Mi favorito suele ser el Filet Mignon, termino medio con una deliciosa tocineta alrededor y salsa de champiñones, acompañado de ese inigualable tomate relleno de puré de papa y que lo complementa espectacularmente.
Y de tomar? aunque el plato merece un vino con mi hermana solemos pedir el delicioso y refrescante refajo, a la vieja usanza: 2 de aguila, 2 de colombiana y una copita de aguardiente. Si no lo han probado así, no se han tomado un verdadero refajo.
De postre una cuajada con melao que bastante grande si era y con todas estas calorías encima, la sonrisa de habernos dado un festín y con el resto de domingo para hacer la siesta, salimos de Andrés D.C. una vez más, encantados.
martes, 10 de enero de 2012
Toro Burguer
Últimamente voy cada semana a este restaurante y aunque su fuerte son las hamburguesas mi preferido es la carne; específicamente la media carne a la parrilla pues tiene 3 características que la hacen deseable: 1. tierna y jugosa a la parrilla; 2. delicioso acompañamiento de casquitos de papa y 3. Buen precio.
Me gusta además que le traen a uno ensalada la cual suele estar fresca y deliciosa y complementa muy bien la carne.
Si se trata de hamburguesas mi favorita es la ranchera, que trae frijoles, guacamole y toca con cubiertos porque a mano es difícil comerla.
Toro Burguer está en mi top de restaurantes de diario, no tan caro para considerarse almuerzo especial ni tan barato para considerarse corriente. El de la Av Jimenez me parece especialmente acogedor, aunque a veces se les daña el extractor y sale uno oliendo a asado.
| Acá viene con yuca pero porque no era mi plato |
Si se trata de hamburguesas mi favorita es la ranchera, que trae frijoles, guacamole y toca con cubiertos porque a mano es difícil comerla.
Toro Burguer está en mi top de restaurantes de diario, no tan caro para considerarse almuerzo especial ni tan barato para considerarse corriente. El de la Av Jimenez me parece especialmente acogedor, aunque a veces se les daña el extractor y sale uno oliendo a asado.
viernes, 10 de junio de 2011
Randy's Hamburguesas
Viernes de hamburguesa, pero no todo es El Corral; si bien es mi favorita junto con el Galápago y La Hamburguesería (y ni hablar de las del Corral Gourmet que van de primero en el ranking).
En el rango medio hablábamos alguna vez de El Rodeo pero en términos de ahorrar un poco y obtener buenos sabores acá en el centro de Bogotá, la mejor alternativa es Randy's.
El que frecuento queda al lado de la Universidad de los Andes y toca llegar temprano porque se llena o mejor ir en época de vacaciones estudiantiles y siempre habrá mesa.
Uno hace la fila, paga y le dan un numerito para que el mesero busque al comensal y le lleve el pedido hasta la mesa, cosa que me gusta y se diferencia de las demás hamburguesas rápidas tradicionales.
La que me más me gusta es en combo y al carbón, bien preparada y con un tamaño más que decente para el hambre del fin de semana. Es jugosa y el asado de la carne les queda muy bueno; las papas también son ricas, como deben ser, crocantes por fuera, tiernas por dentro pero algo delgadas para mi gusto.
Viene con varias salsas, de las cuales esta blanca que tiene un cierto sabor a cebollas es ganadora y se lleva muy bien tanto con las papas como con la misma hamburguesa.
También tienen un ají delicioso pero toca pedirlo al mesero.
El combo naturalmente viene con gaseosa pero a veces es buena idea pedir malteada que es hecha con helado de Popsy, si bien no suelen quedar tan ricas como las del Corral, que fueran hechas con este mismo helado (ahora son de Von Glacet y en mi opinión no saben tan bien).
Precios? Unos 15.000 por la más cara que es al carbón, también hay otras combinaciones interesantes; me ha gustado la mexicana. La relación precio/calidad es bastante buena así que no se la pierdan.
En el rango medio hablábamos alguna vez de El Rodeo pero en términos de ahorrar un poco y obtener buenos sabores acá en el centro de Bogotá, la mejor alternativa es Randy's.
El que frecuento queda al lado de la Universidad de los Andes y toca llegar temprano porque se llena o mejor ir en época de vacaciones estudiantiles y siempre habrá mesa.
Uno hace la fila, paga y le dan un numerito para que el mesero busque al comensal y le lleve el pedido hasta la mesa, cosa que me gusta y se diferencia de las demás hamburguesas rápidas tradicionales.
La que me más me gusta es en combo y al carbón, bien preparada y con un tamaño más que decente para el hambre del fin de semana. Es jugosa y el asado de la carne les queda muy bueno; las papas también son ricas, como deben ser, crocantes por fuera, tiernas por dentro pero algo delgadas para mi gusto.
Viene con varias salsas, de las cuales esta blanca que tiene un cierto sabor a cebollas es ganadora y se lleva muy bien tanto con las papas como con la misma hamburguesa.
También tienen un ají delicioso pero toca pedirlo al mesero.
El combo naturalmente viene con gaseosa pero a veces es buena idea pedir malteada que es hecha con helado de Popsy, si bien no suelen quedar tan ricas como las del Corral, que fueran hechas con este mismo helado (ahora son de Von Glacet y en mi opinión no saben tan bien).
Precios? Unos 15.000 por la más cara que es al carbón, también hay otras combinaciones interesantes; me ha gustado la mexicana. La relación precio/calidad es bastante buena así que no se la pierdan.
viernes, 27 de mayo de 2011
Theca
Hay un video de Sidestepper, Deja, que me gusta porque muestra esa Bogotá que conozco del día a día, su centro con calles no precisamente inmaculadas, ese dejo de soledad que transita por ellas muy temprano o los domingos y esas vistas que se ocultan por siempre estar de afán o tener en la mente la equívoca impresión de que el centro no tiene nada bueno.
Resulta que parte de este video es filmado en el edificio Camacho, donde ahora funciona Punto Theca: un interesante restaurante brasileño de carnes (rodizio que llaman) y que se beneficia por la singular vista que se tiene de la Jimenez desde los ventanales de este bonito lugar.
Punto Theca es atractivo desde su misma configuración, dado lo estrecho que es uno pensaría que no hay mayor capacidad, pero lo que no tienen en área lo aprovechan en altura, no sé si sea el único pero no he visto otro restaurante en Bogotá que cuente con 8 pisos. Claro que los 2 primeros no sé qué función tengan, pues uno llega normalmente al tercero, en ascensor o por la escalera, a la barra de autoservicio.
En esta barra es donde ocurren los problemas, normalmente a la hora del almuerzo la fila es larga y desalentadora, pero a diferencia de otras filas de restaurante, esta se mueve porque es precisamente para ir pidiendo lo que se desea.
Comienza con la barra de ensalada, que es más bien frugal pero con productos frescos; claro, se trata de comer carnes no ensalada y por lo tanto las opciones me parecen más bien adecuadas. Luego está el arroz en diversas preparaciones según el dia, blanco, con coco y la tradicional pega, que no es que se ofrezca en cualquier lado y suele estar muy buena.
Luego viene el acompañamiento, del cual suelo elegir los vegetales salteados porque suelen estar ricos y si hay, frijoles, que los hacen más bien al estilo brasil (y como no).
Lo mejor viene de último, cuando se llega a la parrilla y allí están todos esos cortes sobre el fuego que se ven tan provocativos. Morrillo, Punta, Cadera, Chunchullo, Costillas... en su punto perfecto para los diferentes gustos pues ahi mismo se puede ver si está término medio, bien asado o bien azul la carne. Es cortada en frente del comensal y dan ganas de probarla ahí. La calidad de esa jugosa carne es lo que me hace volver una y otra vez.
Se puede pedir una, dos, tres y hasta cuatro carnes distintas para el almuerzo en precios que van desde 18 hasta los 26 mil pesos. Si ya se quieren más carnes tal vez sea buena idea pagar el servicio de rodizio, en el cual seguirán trayendo carne hasta que el cliente se harte.
Puede parecer poca una sola servida, pero en mi experiencia suele ser suficiente y he llegado a pedir hasta tres carnes, como en la foto.
Para tomar ofrecen jugos y también hay café y postres que no he probado pero se supone que este restaurante es además café y su estilo le permite perfectamente ser visitado para tomar un vino mientras cae la tarde en la Jimenez.
Ahh, uno no tiene que llevar su bandeja a la mesa, para eso cuentan con un buen servicio de camareras que lo guían a uno y se encargan de llevar todo.
Si van lleven cámara, que como dije más arriba, la vista es única y se puede tomar la clásica foto del centro que lejos de resultar monótono me sigue ofreciendo gratas experiencias.
Resulta que parte de este video es filmado en el edificio Camacho, donde ahora funciona Punto Theca: un interesante restaurante brasileño de carnes (rodizio que llaman) y que se beneficia por la singular vista que se tiene de la Jimenez desde los ventanales de este bonito lugar.
Punto Theca es atractivo desde su misma configuración, dado lo estrecho que es uno pensaría que no hay mayor capacidad, pero lo que no tienen en área lo aprovechan en altura, no sé si sea el único pero no he visto otro restaurante en Bogotá que cuente con 8 pisos. Claro que los 2 primeros no sé qué función tengan, pues uno llega normalmente al tercero, en ascensor o por la escalera, a la barra de autoservicio.
En esta barra es donde ocurren los problemas, normalmente a la hora del almuerzo la fila es larga y desalentadora, pero a diferencia de otras filas de restaurante, esta se mueve porque es precisamente para ir pidiendo lo que se desea.
Comienza con la barra de ensalada, que es más bien frugal pero con productos frescos; claro, se trata de comer carnes no ensalada y por lo tanto las opciones me parecen más bien adecuadas. Luego está el arroz en diversas preparaciones según el dia, blanco, con coco y la tradicional pega, que no es que se ofrezca en cualquier lado y suele estar muy buena.
Luego viene el acompañamiento, del cual suelo elegir los vegetales salteados porque suelen estar ricos y si hay, frijoles, que los hacen más bien al estilo brasil (y como no).
Lo mejor viene de último, cuando se llega a la parrilla y allí están todos esos cortes sobre el fuego que se ven tan provocativos. Morrillo, Punta, Cadera, Chunchullo, Costillas... en su punto perfecto para los diferentes gustos pues ahi mismo se puede ver si está término medio, bien asado o bien azul la carne. Es cortada en frente del comensal y dan ganas de probarla ahí. La calidad de esa jugosa carne es lo que me hace volver una y otra vez.
Se puede pedir una, dos, tres y hasta cuatro carnes distintas para el almuerzo en precios que van desde 18 hasta los 26 mil pesos. Si ya se quieren más carnes tal vez sea buena idea pagar el servicio de rodizio, en el cual seguirán trayendo carne hasta que el cliente se harte.
Puede parecer poca una sola servida, pero en mi experiencia suele ser suficiente y he llegado a pedir hasta tres carnes, como en la foto.
Para tomar ofrecen jugos y también hay café y postres que no he probado pero se supone que este restaurante es además café y su estilo le permite perfectamente ser visitado para tomar un vino mientras cae la tarde en la Jimenez.
Ahh, uno no tiene que llevar su bandeja a la mesa, para eso cuentan con un buen servicio de camareras que lo guían a uno y se encargan de llevar todo.
Si van lleven cámara, que como dije más arriba, la vista es única y se puede tomar la clásica foto del centro que lejos de resultar monótono me sigue ofreciendo gratas experiencias.
jueves, 19 de mayo de 2011
El Toro Manso
Pedir carnes en Bogotá ha dejado de ser frustrante, sobretodo después de probarlas en Argentina donde aprende uno lo que en verdad es la carne: tierna, jugosa, con la grasa distribuida para que desarrolle todo su sabor.
Caminando por la octava, antes de llegar al retén que esta carrera tiene para evitar el paso de vehículos por la Casa de Nariño, vi este discreto restaurante, con fotos que anuncian cortes clásicos argentinos.
Siempre he pensado que alrededor del Congreso y de Presidencia deben existir buenos restaurantes carnívoros porque en algún lado deben almorzar los honorables funcionarios con sus exorbitantes sueldos. Y no me equivoco: tenemos Patagonia, Via Buenos Aires (antes Café de Buenos Aires), Mi Viejo, Rescoldos y otros que ya reseñaré en su momento.
Del Toro Manso debo decir que tiene un ambiente agradable, porque además de restaurante está pensado como galería, así que los cuadros que se observan son en su mayoría originales (hay incluso un Manzur pero no lo identifiqué). La casa en la que funciona, restaurada pero conservando elementos originales, contribuye enormemente a darle un sentido de originalidad.
El menú es considerablemente más variado que en los otros restaurantes clásicos argentinos. Ofrecen cortes tanto internacionales (Angus) como nacionales. Yo me fui por una punta de anca nacional termino medio, que estaba jugosa y su carne tierna (aunque no tanto como debería ser).
La foto sin flash no le hace honor al corte que en realidad era más bonito de lo que aparece
Para acompañarla elegí el puré de papas, que estaba bien preparado y para acompañar todo una helada cerveza, pan y rico chimichurri, el cual me sorprendió gratamente porque si bien hemos mejorado en carnes, no lo hemos hecho en chimichurri.
No era un día para postre y café, así que la reseña queda incompleta, pero me atrevo a augurar que no decepcionan.
Con tanta competencia me pregunto cuánto tiempo permanecerán, sin embargo su estratégica localización le da cierta ventaja y es común ver que es bastante frecuentado. Los precios en promedio superan los $30.000 por plato, lo que convierten esta opción en el lugar ideal para un almuerzo formal, casi a la sombra de los centros de poder en la capital.
domingo, 8 de mayo de 2011
14 Inkas
En la universidad tenía un amigo que hablaba de su novia y los restaurantes a los que lo invitaba. Era una época en la que tenía que ahorrar para ir a Crepes y Waffles. El nos contaba que iban a restaurantes donde la comida era muy rica pero servían tan poca que le tocaba rematar con un perro caliente más tarde.
Para mi esa leyenda de restaurantes que sirven muy poco era eso, leyenda. Pensé que tal vez pedían entradas y por eso terminaban con hambre e irse de entradas es una opción válida sobretodo en la noche que para dormir bien toca no comer tanto.
Eso fue hasta que conocí 14 Inkas. Fui a almorzar a este restaurante peruano, que hace parte de esa enorme (y deliciosa) expansión que ha tenido este tipo de comida en Bogotá. Tiene un diseño muy bonito y el ambiente resulta agradable desde que uno entra.
Para empezar pedimos jugos con un toque de pisco que estaban muy ricos, aunque yo pedí el Pisco Sour, una tradición que tengo con estos restaurantes como les contaré en otras reseñas y que estaba delicioso y entonador (pero va ganando el de Astrid y Gastón).
De entrada pedimos los dos piqueos mixtos, que consiste cada uno en cuatro selecciones de entrada, normalmente ceviches y que estaban buenísimos.
El vaso de jugo con toque de pisco, un imperdible y en primer plano los piqueos.
De plato fuerte pedí el famoso Ají de Gallina, sobre el cual mucha gente tiene reservas porque la gallina en Colombia suele ser un plato apto para dientes poderosos por lo dura; obviamente no es lo que uno esperaría en un restaurante de categoría y debo admitir que estaba tan rica que me la terminé en pocos minutos.
Pocos minutos porque desafortunadamente es muy pequeña. Para ser plato fuerte me parece que le podrían mejorar el tamaño. No fui el único que se sintió comiendo una entrada.
Otro ganador sin duda fue el ceviche (o cebiche) tradicional, que si bien aparece como entrada es posible pedirlo como plato fuerte.
Como el día era joven y el grupo grande decidimos que el postre y el café lo tomaríamos en otra parte, por lo que les debo la reseña respectiva pero si vuelvo lo actualizaré. En promedio el plato es a $25.000 lo que suena poco costoso comparado con Astrid y Gastón o la misma 80 Sillas. Eso si, de volver sería en la noche porque a pesar de lo delicioso los platos le dejan a uno las ganas de más.
Para mi esa leyenda de restaurantes que sirven muy poco era eso, leyenda. Pensé que tal vez pedían entradas y por eso terminaban con hambre e irse de entradas es una opción válida sobretodo en la noche que para dormir bien toca no comer tanto.
Eso fue hasta que conocí 14 Inkas. Fui a almorzar a este restaurante peruano, que hace parte de esa enorme (y deliciosa) expansión que ha tenido este tipo de comida en Bogotá. Tiene un diseño muy bonito y el ambiente resulta agradable desde que uno entra.
Para empezar pedimos jugos con un toque de pisco que estaban muy ricos, aunque yo pedí el Pisco Sour, una tradición que tengo con estos restaurantes como les contaré en otras reseñas y que estaba delicioso y entonador (pero va ganando el de Astrid y Gastón).
De entrada pedimos los dos piqueos mixtos, que consiste cada uno en cuatro selecciones de entrada, normalmente ceviches y que estaban buenísimos.
El vaso de jugo con toque de pisco, un imperdible y en primer plano los piqueos.
De plato fuerte pedí el famoso Ají de Gallina, sobre el cual mucha gente tiene reservas porque la gallina en Colombia suele ser un plato apto para dientes poderosos por lo dura; obviamente no es lo que uno esperaría en un restaurante de categoría y debo admitir que estaba tan rica que me la terminé en pocos minutos.
Pocos minutos porque desafortunadamente es muy pequeña. Para ser plato fuerte me parece que le podrían mejorar el tamaño. No fui el único que se sintió comiendo una entrada.
Otro ganador sin duda fue el ceviche (o cebiche) tradicional, que si bien aparece como entrada es posible pedirlo como plato fuerte.
Como el día era joven y el grupo grande decidimos que el postre y el café lo tomaríamos en otra parte, por lo que les debo la reseña respectiva pero si vuelvo lo actualizaré. En promedio el plato es a $25.000 lo que suena poco costoso comparado con Astrid y Gastón o la misma 80 Sillas. Eso si, de volver sería en la noche porque a pesar de lo delicioso los platos le dejan a uno las ganas de más.
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